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cultivando lo imposible

Baños Secos y Azoteas Verdes

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Cerrando el ciclo de cuerpos, desechos y alimentos en Oaxaca, México…

Azotea Verde. Unitierra-Oaxaca.

Azotea Verde. Unitierra-Oaxaca.

“El sistema de drenaje urbano muere más de sus éxitos que de sus fallas…
al tiempo que oculta el desecho, el saneamiento
—como los expertos llaman al drenaje y la recolección de basura—
nos hace impotentes frente al desecho.
Todas las tradiciones han hecho de la escoba un símbolo mágico y por algo es;
la escoba, instrumento de poder sobre el espacio vital.
El saneamiento nos quitó a la vez el olor y la escoba.”

- Jean Robert

Hoy atravesamos en el sur de México un momento extraordinario en que las amenazas a nuestro bienestar físico, ambiental, político y cultural se empiezan a percibir como grandes oportunidades. Entre ellas están el aumento geométrico en la producción de basura, la contaminación y la creciente escasez del agua, el empobrecimiento de los suelos agrícolas productivos, la carencia de un sistema apropiado para la reincorporación sana de los desechos humanos al entorno natural y el descontento social que tales condiciones propician. Es emblemático del estado actual de estupefacción moral y política que estas situaciones se sigan abordando de manera aislada; demuestra la incapacidad institucional de percibir la íntima relación que las vincula. Pero esta encrucijada aparece como un potencial parteaguas: el momento oportuno para decidir caminar en direcciones distintas y escapar del fatalismo imperante. A través de iniciativas autónomas, miles de personas buscan marginar de sus vidas cotidianas los males asociados con la modernización.  Recurriendo al precedente y al sentido común, están regenerando los ámbitos de comunidad que la era del desarrollo ha erosionado en los últimos treinta años.

Botellas de PET rellenas de arena.

Los desechos comenzaron a aparecer en el panorama oaxaqueño hace relativamente poco tiempo.  Estado mexicano con la mayor diversidad biológica y cultural, Oaxaca es cuna de miles de comunidades indígenas autónomas que hasta hace apenas dos décadas eran libres de productos industriales de consumo y desecho.  La ‘basura’ había sido inexistente hasta entonces; lo que había era residuos de materia orgánica que se descomponían sobre el suelo, nutriéndolo.  Hoy, el panorama luce muy distinto, aunque parece familiar y hasta inevitable.  Hemos llegado a resignarnos a la presencia ubicua de la basura, tanto en el campo como en la ciudad.  Los vertederos se desbordan, los rellenos sanitarios contaminan el entorno y las calles se cubren de desechos que no hallan un destino adecuado.

México se disputa hoy con los Estados Unidos el primer lugar a nivel mundial como consumidor de gaseosas y de agua embotellada.  No es sorprendente, entonces, que el paisaje urbano y rural se esté ahogando bajo mares de botellas de Tereftalato de Polietileno, o PET, como se le conoce comúnmente.  Aunque las cifras varían, se calcula que México produce alrededor de 500 mil toneladas de PET al año, del cual únicamente el 12% es reciclado.  Otro porcentaje es acopiado y exportado a China, pero el grueso termina en basureros urbanos o peri-urbanos, o es enterrado o quemado en el campo.  Una vez en el suelo, los envases de PET pueden tardar entre 500 y 700 años para descomponerse naturalmente.  Se tiende a olvidar que la basura tiene ciclos, que no desaparece cuando nosotros nos deshacemos de ella sino que interactúa de una manera muy compleja y frecuentemente dañina con las personas, el suelo, el agua y el aire.

El reciclaje ha demostrado claramente no sólo que es insuficiente para resolver la situación, sino que de hecho la ha exacerbado.  Sus deficiencias, sus costos, sus riesgos y su contraproductividad son ya evidentes. Buscando opciones, mucha gente ha concluido que la mejor de ellas es simplemente impedir la producción de basura.

Al mismo tiempo, la situación del agua en México es desoladora.  Por lo menos el 94 por ciento de sus ríos y lagos han sido contaminados, 102 acuíferos han sido sobreexplotados, cinco lagunas han desaparecido y 38 ciudades tienen serios problemas de abasto de agua potable.  El 77 por ciento de la población está asentada en zonas áridas y semiáridas; 11 millones de personas no cuentan con agua potable; al menos el 50 por ciento del líquido es desperdiciado y el 70 por ciento de las aguas residuales no son tratadas.  Ante este panorama, están floreciendo en Oaxaca iniciativas creativas que parten del entendimiento sensato que los predicamentos sociales y ambientales que enfrentamos están interrelacionados y exigen respuestas integrales.

Una capa de botellas de PET con arena, una capa de arcilla húmeda... etc.

Una de estas iniciativas surge de la Universidad de la Tierra (Unitierra), a través de dos de sus proyectos: el Centro Autónomo para la Creación Intercultural de Tecnologías Apropiadas (CACITA) y el Colectivo Flor de Asfalto, dedicado a la agricultura urbana.  La Unitierra es una comunidad de aprendizaje que se concibe como alternativa a la educación institucionalizada.  En ella, personas de comunidades indígenas y rurales, así como de colonias y barrios urbanos, practican la reflexión en la acción y desarrollan sus habilidades y saberes libremente para construirse una vida digna, acorde con diversas concepciones propias de lo que constituye la vida buena.

En Oaxaca, como en muchas otras partes, existe una creciente preocupación sobre la escasez de agua potable y la exacerbada abundancia de basura.  En respuesta a este panorama, un grupo diverso de personas—colaboradores de la Unitierra, activistas y vecinos de la ciudad de Oaxaca—han emprendido un interesante experimento.  Se han propuesto la tarea de construir baños ecológicos secos utilizando envases desechados de PET como ‘ladrillos’ para sus muros.  Se trata de un experimento en sobreciclaje, es decir: la transformación creativa del material de desecho en un producto más útil, valioso, práctico y bello que el original.

Esto representa un cambio sustantivo de percepción: los envases de PET que estorban el paso y ofenden la vista representan ahora no un desecho sino un recurso.  Por su misma ubicuidad, empieza a considerarse un material ‘local’ de construcción, que además es gratuito. Se convierte así en una tecnología apropiada, es decir: socialmente justa, culturalmente apropiable, ecológicamente sensata y económicamente viable.  No obstante, estos grupos de activistas y vecinos consideran que aunque los envases de PET sean sobreciclados, sólo podrán representar un recurso provisional.  No quieren que su reutilización para fines constructivos se convierta en una justificación o incluso en una motivación para seguir consumiendo productos envasados de este modo.

Muros de PET y arcilla

En la Colonia Panorámica del Fortín de la ciudad, los integrantes y colaboradores de la Unitierra construyeron un sanitario ecológico seco y establecieron una hortaliza en la azotea de la Casa Chapulín, un centro que facilita la solidaridad internacional con activistas de diferentes países en Oaxaca. César Añorve, uno de los innovadores que adaptaron el sanitario ecológico seco vietnamita a las condiciones de México en los años 70, y que luego contribuyó a su magnífica proliferación en las siguientes tres décadas desde el Centro de Innovación en Tecnología Alternativa, A.C., en Ocotepec, Morelos, explica en qué consiste este dispositivo en su versión de doble cámara:

El funcionamiento del sanitario ecológico seco es simple: una taza móvil provista de un separador de orina se coloca encima de la abertura de una de las cámaras y se empieza a usar. Llámese activa a esta cámara. En ella se forma una pila de materia orgánica a la cual se añade ceniza o cal para mantener alta la alcalinidad.

Cuando se acaba de llenar esta primera cámara, se sella la abertura y se traslada la taza a la otra cámara. La segunda cámara es ahora activa mientras la primera es pasiva o ‘de maduración’. Cuando la segunda cámara está llena, se cosecha abono orgánico maduro de la primera. El uso alternado de las dos cámaras facilita la destrucción de organismos patógenos, al permanecer más tiempo en un medio alcalino producto de la cal y/o la ceniza. Este tiene la apariencia de un polvo granuloso cuyo aspecto recuerda poco su origen; es perfectamente inodoro. El orín recuperado puede utilizarse como fertilizante. El ciclo que acabamos de esbozar toma entre un año y medio y dos años. Por esta alternancia de uso de las dos cámaras se ha descrito el sanitario que construimos como un excusado seco de dos cámaras alternantes de desecación alcalina.

Esquina

Al instalar un sanitario seco y establecer una pequeña huerta en su azotea, los habitantes de la Casa Chapulín lograron reintegrar sus cuerpos al ciclo natural de nutrientes que el sistema moderno de drenaje y la agroindustria habían quebrantado.  Recuperaron así una parte fundamental de su autonomía personal y comunitaria, no solamente en la medida en que ahora producen algunos de sus alimentos básicos, sino también al dejar de depender de una burocracia agigantada que les cobraba por incumplir su misión expresa de reincorporar los desechos humanos al entorno natural de manera eficaz y responsable.  Esa casa, habitada en promedio por unas diez personas, había estado contaminando más de 120 mil litros de agua al transportar unos 15 mil litros de excremento y orina al año.  Ahora, además de ahorrar y dejar de contaminar el 40% de su agua potable—reutilizando ingeniosamente las botellas de PET para lograrlo—este pequeño grupo de personas está generando abono y fertilizante líquido para las hortalizas que cultivan en su techo. Al mismo tiempo, han recobrado un sentido de responsabilidad social particularmente estimulante, derivado de la decisión de hacerse cargo de sus propios desechos.

Caseta de carrizo

Ahora que se generaliza la preocupación por el medio ambiente y la salud de las personas, y que se cuestionan la sustentabilidad e idoneidad del proyecto desarrollista de Occidente, el ingenio, sentido común y dignidad de pequeñas comunidades locales pueden ser fuentes de inspiración para responder con eficacia a los predicamentos globales que enfrentamos.

**Todas las fotografías, salvo la primera, fueron tomadas por Casa Chapulín y Colectivo Flor de Asfalto

Para ver los proyectos más de cerca: unitierra.org, casachapulin.org
Para informes: talleresunitierra@yahoo.com.mx, casachapulin@gmail.com, cacita@riseup.net

Este artículo fue publicado en el libro REMATERIAL (ver aquí) de la Editorial Parramón, Barcelona, España. 2008:

rematerial_1

rematerial_2



Escrito por daniel perera

2 Septiembre 2009 a 16:30

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2 comentarios

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  1. He hecho referencia a tu artículo en mi propio blog “Fitorec: pensamientos creativos, alma libre!”, en la entrada sobre “La importancia de talleres en el FLISOL-Oaxaca”. Gracias!

  2. Gracias por difundir esta información, tan útil y necesaria. También los felicito por su compromiso con lograr un mundo mejor para nuestros hijos.

    ¿Podrían informarme cómo se utiliza la orina para fertizar las plantas? ¿Cómo se puede desodorizar? Desafortunadamente ya no puedo construir un sanitario seco porque vivo en la zona urbana pero es muy buena idea.

    Saludos afectuosos.

    Samuel Sánchez

    13 Octubre 2009 a 18:50


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