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cultivando lo imposible

Hambre de Democracia

con 6 comentarios

“They forget that people eat,
and that people die when they are fed.” [1]
- Ivan Illich

En días recientes presenciamos las movilizaciones multitudinarias de varias organizaciones campesinas en la ciudad capital y en algunas de las carreteras principales del país. Las mujeres y los hombres que conforman esas organizaciones buscan visibilizar ante la sociedad guatemalteca la situación urgente que enfrentan el campesinado y los pueblos indígenas del país.

Guatemala tiene la segunda tasa de desnutrición más alta del continente (aproximadamente el 50% de los niños guatemaltecos la padecen), así como una de las más altas tasas de mortalidad infantil y de mortalidad materna. Asimismo, el número de muertes causadas por enfermedades prevenibles es alarmante. Lo que tienen en común estas cifras es su relación directa con el hambre. Pero, en Guatemala, ¿escasean los alimentos? Por supuesto que no. ¿Por qué, entonces, se están muriendo tantas guatemaltecas y guatemaltecos, directa o indirectamente, de hambre?

La cocina. La Igualdad, San Marcos

La Cocina. La Igualdad, San Marcos

A continuación presento una paráfrasis del inciso del libro World Hunger: 12 Myths[2], titulado ¿Qué es el Hambre?.  Tomando ejemplos actuales de la realidad guatemalteca, pretendo utilizar la línea analítica de los autores del libro para entender el hambre en sus dimensiones humanas y políticas.  Empecemos, entonces, con esa pregunta que a primera vista quizá parezca boba: “¿Qué es el hambre? ¿Será ese dolor vacío que sentimos en la barriga cada vez que nos saltamos una comida? ¿O será lo que representan esas imágenes desgarradoras que a veces aparecen en la televisión, de situaciones de hambruna extrema, generalmente en el continente africano?”[3] En realidad—nos recuerdan los autores—, la condición de hambre es más insidiosa, aun cuando menos evidente a primera vista que la hambruna extrema. Los autores entonces nos invitan a pensar el hambre no sólo en términos fisiológicos, sino en un sentido existencial más amplio, manifestado en ciertos sentimientos humanos que ellos llaman universales.  Al percibir el hambre desde esa perspectiva humana englobante, podemos entender mejor la realidad social que la engendra y la perpetúa, y así empezar a concebir y a consensuar las decisiones políticas que le pueden poner fin.

Veamos, pues, lo que significa el hambre para miles de personas en Guatemala.

Para las familias de la finca Nuevo Paraíso, en San Marcos, la salud de los niños es muy precaria. Catalino Monzón, campesino mam, me contó cómo una madre se le acercó recientemente y le dijo: “Mi esposo no quiere comprar el colchón para que los patojos ya no duerman en el petate sobre el piso de tierra, tan frío y húmedo. Tampoco quiere comprar arroz este mes. Dice que tiene miedo de no pagar la deuda, porque nos van a desalojar si no pagamos.”[4] La señora, me explicaba don Catalino, se refería a la deuda que asumió cada familia de la comunidad con el Fondo de Tierras al adquirir la finca en el 2004. Mes tras mes, esta y otras familias se ven obligadas a elegir entre la salud de sus niños y la seguridad sobre la tenencia de sus tierras. Tener hambre, para ellas, es sentir angustia. “La angustia de enfrentar elecciones imposibles.”

Miles de madres guatemaltecas, como Julia Choc, de Alta Verapaz, han visto morir a varios de sus niños en los primeros años de vida. Para mujeres como doña Julia, el hambre significa ver morir a sus seres más queridos. “El hambre significa profunda tristeza.”

En Guatemala, decenas de miles de familias han tenido que enfrentar a una sociedad, a una Iglesia, a un Estado y a una comunidad internacional que frecuentemente las ha hecho sentirse culpables de su propia pobreza. Hace algunos días, al entrar a almorzar en la casa de una familia kaqchikel, en San Andrés Semetabaj, Sololá, una de las primeras cosas que escuché fue una disculpa por las condiciones humildes del hogar. Esta familia sentía vergüenza de que entráramos en su casa y comiéramos en su mesa. “Tener hambre,” para las grandes mayorías de Guatemala, “significa vivir en un estado de humillación.”

La angustia, la tristeza y la humillación forman parte de lo que significa el hambre para millones de personas en Guatemala y el mundo. Pero el hambre, nos recuerdan los autores de World Hunger: 12 Myths, contiene una cuarta dimensión, que en Guatemala conocemos particularmente bien.

Moore, Collins y Rosset nos relatan haber conocido a dos campesinos del altiplano guatemalteco hace algunos años. Los campesinos habían estado instruyendo a sus vecinos sobre técnicas para reducir la erosión en sus tierras, ubicadas en las laderas de los cerros en que se veían obligados a cultivar, debido a la imposibilidad de acceder a las tierras fértiles de los valles y la costa, adueñadas por grandes finqueros. Poco después, uno de los campesinos se tuvo que refugiar después de que asesinaran a su compañero. Para algunos finqueros guatemaltecos, enseñarle a campesinos nuevas técnicas productivas representa un crimen, pues los hace menos dependientes de sus trabajos como jornaleros mal pagados en las grandes plantaciones del país. Sobran los casos de líderes campesinos asesinados con impunidad o encarcelados sin fundamento legal, simplemente por su labor en favor de la autodependencia de sus familias y comunidades.

En Guatemala, entonces, “una cuarta dimensión del hambre es el miedo.”

Al entender el hambre en términos de los sentimientos humanos más dolorosos, podemos empezar a percibir sus causas, y de esa manera, esperamos, también sus posibles soluciones. Esa es la invitación que nos hacen, no solamente los autores de World Hunger: 12 Myths, sino también las miles de mujeres y hombres guatemaltecos que en días recientes marcharon por esta ciudad y el país, exigiendo que se les ponga atención: que se les escuche realmente.

Angustia, tristeza, humillación y miedo: sentimientos que todas y todos llegamos a sentir en algún momento, y que “generalmente surgen de situaciones en que hemos perdido el control de nuestras vidas,” aun si momentáneamente. Por eso, “el hambre es quizás el máximo símbolo de un estado de impotencia,” ante condiciones estructuralmente desfavorables que tienden a perpetuarse. Cuando las campesinas y los campesinos indígenas marchan kilómetros bajo el sol durante días consecutivos por las carreteras del país y las avenidas de la ciudad capital, y escuchan las recriminaciones, los insultos racistas y las provocaciones emitidas desde carros y edificios, por personas que les espetan calificativos como “haraganes,” “usurpadores,” “indios shucos”  y “delincuentes”, y que los acusan de no trabajar y de violentar el Estado de Derecho, no es de extrañarse que estas miles de personas sufridas—pero perpetuamente dignas—, sientan en su profunda hambre un último sentimiento tan humano como los cuatro antedichos, que podemos agregar a la lista: la indignación.

Es meritorio que en las movilizaciones y demás acciones de presión que han ejercido las organizaciones campesinas e indígenas en la última década y media—en que principalmente han exigido y siguen exigiendo como mínimo el cumplimiento de los Acuerdos de Paz—prevalezcan únicamente las tácticas noviolentas de resistencia civil. Se trata, pues, de un movimiento estrictamente pacífico, pero de ninguna manera pasivo. ¿Qué más se supone que deben hacer los miles de ancianos, niños, mujeres y hombres hambrientos del campo para que sus justas demandas sean finalmente atendidas por el resto de la sociedad? Porque lo que quieren las campesinas y los campesinos indígenas y ladinos de Guatemala, en sus propias palabras, no es una limosna, en la forma de dineros, sacos de alimentos o fertilizantes. Lo que quieren es que se les permita superar las condiciones que les impiden cuidar de sí mismos y de sus seres más queridos, para así poder florecer como personas, como familias y como comunidades. Quieren dejar de sentir que no tienen control sobre sus propias vidas. Quieren que se les reconozca como los actores que son de sus propios destinos. Quieren poder tomar las decisiones más fundamentales sobre sus propias vidas, como ciudadanas y ciudadanos plenos en un Estado de Derecho cabal.

Lo que quieren es, esencialmente, mayor democracia.

La mesa. La Igualdad, San Marcos

La mesa. La Igualdad, San Marcos

Este artículo no es más que una invitación a profundizar este ejercicio de reflexión y a que realmente nos familiaricemos con las propuestas que las organizaciones campesinas de Guatemala están poniendo sobre la mesa de discusión de nuestra sociedad. Es hora de que iniciemos un amplio y auténtico diálogo nacional—intercultural e intergeneracional—que aborde la profunda inequidad que perdura y que se agudiza con el pasar de los años, y que representa la principal causa de nuestra falta de justicia y paz duraderas.

Libres de filiaciones partidistas, de prejuicios ideológicos y de temores atávicos, debemos comprometernos con la transformación del agro guatemalteco.  Esto requiere nueva legislación que proteja la agricultura familiar y comunitaria de los pueblos indígenas, que finalmente facilite el acceso a la tierra, a créditos para capital de trabajo, herramientas productivas de escala y uso apropiados, asistencia técnica y acceso a mercados. Estas medidas representarían las mínimas condiciones para lograr la igualdad de oportunidades económicas a la que todo guatemalteco y guatemalteca debe tener derecho.

En términos económicos ha sido demostrado, a contrapelo de la sabiduría convencional, que las fincas familiares y comunitarias suelen ser más productivas por área cuadrada de producción que las grandes fincas agroexportadoras, además de ser más sustentables ecológicamente. Esto significa que una agricultura comunitaria que floreciera no se limitaría a la subsistencia, sino que generaría excedentes de producción para su intercambio y comercialización en mercados regionales, nacionales e, inclusive, internacionales. Permitir la coexistencia estratégica y armónica del modelo de agroexportación de cultivos viables, con el modelo de la finca familiar y comunitaria, detonaría la dinamización de la economía agraria y generaría amplios beneficios para el país. Además, sería el primer paso para comenzar a construir en Guatemala la soberanía alimentaria que nos beneficiaría a todas y todos en el largo plazo.

En la medida que continuemos negándole a otras guatemaltecas y guatemaltecos la mera posibilidad de vivir libres de angustia, tristeza, humillación y miedo, no podemos considerarnos ciudadanas y ciudadanos plenos, ni tampoco seres humanos dignos.

Al entender el hambre en su dimensión humana, reconociendo así que sus causas no son inevitables, sino que corresponden a una realidad social particular, podemos empezar a entender que su solución radica en una voluntad política concreta que todas y todos podemos decidir asumir en este momento.

Si realmente deseamos vivir en una democracia moderna, reconoceremos más temprano que tarde que el hambre en Guatemala nos implica a todas y todos, hoy.


[1] 1973. Illich, Ivan. Tools for Conviviality. New York: Harper & Row, Publishers.

[2]
1998. Moore Lappé, Frances, Joseph Collins, Peter Rosset, Luis Esparza. The Institute for Food and Development Policy (FoodFirst). World Hunger: 12 Myths. Nueva York: Grove Press.

[3] Todas las citas a continuación, provienen de World Hunger: 12 Myths., a menos de que sea explicitado lo contrario.

[4] En conversación, 16 de julio de 2009, finca el Nuevo Paraíso, San Marcos.

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Escrito por daniel perera

5 agosto 2009 a 05:22

Escrito en guatemala actual

6 comentarios

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  1. Es un privilegio el que tienes en plasmar tus ideas al papel, te invito a que las hagamos realidad, trabajemos por este país.

    prgiron

    28 agosto 2009 a 15:24

    • gracias, compañer@. estoy de acuerdo, aunque reformularía tu afirmación: trabajemos por nosotros, por nuestro propio bien, y así nuestro país empezará a sanar. pongamos a las personas de primero. adelante, pues, y gracias por tu visita y tu comentario!

      daniel perera

      29 agosto 2009 a 00:15

  2. Hemos publicado tu artículo Hambre de Democracia en {Primer Palabra}: http://primerpalabra.com/?p=1001

    {Primer Palabra}

    11 agosto 2009 a 15:42

    • gracias, y muchas felicidades a las compañeras de primerpalabra por su buena labor.

      daniel perera

      18 agosto 2009 a 23:13

    • esta semana también apareció en albedrío.org este artículo. para quienes no la conozcan, es una revista de actualidad guatemalteca muy rigurosa que se actualiza todos los días.

      daniel perera

      18 agosto 2009 a 23:15

  3. Interesante la manera en que describís el hambre. Me parece q nunca lo había pensado así. Esto solo ayuda a resaltar que la vida de estas personas es verdaderamente una lucha constante contra la corriente.

    Da Niel

    11 agosto 2009 a 12:59


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